Como un avión: Sonidos de despegue y aterrizaje

¡Hola!  ¿Qué tal va vuestro puzzle musical?¿Habéis pensado un poquito sobre la música que queréis vivir?  En el poquito tiempo que tengo libre también lo dedico para pensar en música: añadiendo  y encontrando piezas de mi puzzle que ya creía perdidas así que ¡¡¡No olvidéis de siempre dedicar unos minutos a la música de forma activa buscando entresijos y tesoros que se ocultan tras sus notas!!!! 

Ayer colgué esta foto en Twitter:

Observando esta foto del director de orquesta  Yevgeni Mravinski (fue director de la Filarmónica de Leningrado/San Petersburgo y estrenó parte de  repertorio de Shostakóvich y Prokófiev ¡nada más y nada menos!)   fue inevitable no quedar prendada de su gesto recio y concentrado, pero lo que más me  llamó la atención no fue la fuerza que transmite su gesto y la regia postura sino la idea de que este  instante se podría  situar tanto al comienzo como al final del  concierto en el que  la tensión es máxima. Y sí, yo también me he fijado que haciendo una lectura rapidísima  parece que está mirando la hora en un reloj imaginario en su chaqueta 😉

Esto me llevó otra vez  a la reflexión sobre la importancia del  sonido:  ¿Sabéis que en la música tan importante es el primer sonido que se escucha en una obra como el último? Os pongo en situación.

Vosotros, la música y el contexto 🙂

Sala del concierto, un silencio expectante  y de repente…. ¡¡ Se hace el sonido !! Pero, ¿ y si fuera acompañado de  una entrada a destiempo, instrumentos que no debieran sonar allí o  sonidos arrastrados que no se saben muy bien de donde vienen?   Esto hace que estos primeros compases  estén ya  condicionados a lo que se va a oír después.  Es por esto que el  silencio es complejo, ya que cuando se rompe se rompe de verdad dando al oyente las alas para flotar en su sonido sin segundas oportunidades.  Haciendo símiles menos musicales imaginaos un trayecto en avión en el cual el despegue y el aterrizaje son las dos situaciones  más importantes del viaje . Estos dos momentos, nuestro despegue y aterrizaje musical si lo aplicamos al contexto musical,  son los que causan más tensión en el músico ya que se la juegan  a golpe de nota , escaparate de los futuros sonidos.

Después de estos compases  iniciales,  el músico   alcanza  una velocidad de crucero en la cual  el espectador se  convierte  en cómplice y receptor de los sonidos experimentando  diferentes sensaciones en su escucha.  Pero todo lo que tiene un comienzo tiene también un final  y los sonidos se van preparando para ello creando  un climax en el que el público contenido y silencioso aguarda  para hacerse oír entre aplausos .

Un mal final, como en la vida, es algo que a veces hace olvidar los buenos ratos  y así, como un  avión que se preparara para el aterrizaje, también lo hace la experiencia sonora  que arrastra  a  los oyentes sobrecogidos por ese instante en que la música muere en sus oídos para formar parte del recuerdo.  Nada puede empañarlo,  por lo que nuestro avión toca tierra y sus  pasajeros rompen en aplausos aliviados como también hace el público  al invadir  el silencio prudente donde los músicos cierran los ojos y toman aire igual que ocurre ese segundo estático en la  foto de  Yevgeni Mravinsk  en el cual   la música y cuerpo sigue siendo uno.

¿Habéis sentido estas sensaciones tanto como interpretes u oyentes? Os animo a que este verano prestéis especial atención a los primeros y últimos compases de una música que os guste (aunque mejor en directo)  ¿Qué podéis captar? ¿Qué pensáis que debe primar para tener “un buen comienzo”?. En el argot musical, a los comienzos se les suele llamar entradas cuando  el instrumento o el coro entra en acción,   y   una entrada en su lugar  a tempo es un (¡¡uff!!) pero bueno, eso es otra historia 🙂

Nota:  Igual que se puede aplicar a una obra completa,  es aplicable al lenguaje de la música desde lo más general a lo más particular  y eso no es otra historia, es un novelón 🙂

Para terminar os ilustro  con una de  mis obras pictóricas en clave de humor y trazo barroco 

Ejemplo gráfico.

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