La música es una fábrica de reacciones maravillosas.

La música aunque no la mires está allí, resonando en tu habitación y creando con ello atmósferas que nos condicionan en su escucha. ¡Vaya con la música y su sentido trágico de la manipulación! Porque la música es llevar los sentimientos hacia el terreno que el autor de la misma quiera. Puede llevarte al cielo, o a los infiernos, puede dar miedo, alimentar recuerdos, intensificar anhelos y situaciones, puede hacernos llorar o sonreir, sentirnos oprimidos o cabreados… puede provocar tantas cosas que el hombre ya intuyó esta capacidad innata de la música para emocionar provocar reacciones desde casi el inicio de nuestra existencia como humanos racionales.

¿Ahora bien, la música provoca la misma reacción en cada cultura? ¿Estamos condicionados por nuestro alrededor?  Quizá a una persona de una tribu perdida  en África escuchar una obra Debussy le puede resultar algo curioso y puede  provocar en él reacciones nuevas que no se esperaba (y probablemente quiera repetir) y en el caso contrario, nos puede maravillar una canción de su entorno cultural  de la que  realmente no conocemos su significado y sólo  podemos extrapolar su sonoridad a  nuestra memoria musical occidental. Quizá el poder de la emoción resida en indentificar lo  más cercano a nosotros, a nuestras experiencias vitales y a nuestra vida en general.

La música a lo largo de la historia ha buscado la emoción del oyente, unas veces de manera vácua y otras de forma más instrospectiva y profunda. Y esa capacidad de emocionar, de intensificar situaciones y desvelos hizo que fuera inevitable   su  entrocamiento con otras disciplinas artísticas  a lo largo de la historia  haciendo así un género propio como pasó con manifestaciones teatrales, danzas y el cine haciéndose así por primera vez visible dentro de la imagen y también en nosotros mismos.

Puede ser que por eso sea una gran aficionada a la música de cine:  por la capacidad de provocar reacciones en mi al ver una imagen, por la intencionalidad del compositor de provocar los mismos sentimientos tan universales en una sala de cine, por el delicado ejercicio de la búsqueda del equilibrio musical y visual, por hacer que la música se diluya entre el metraje sin estar allí pero estando.

Por último pienso que aunque vivamos en este mundo tan globalizado que a la vez nos hace ser   tan diferentes creo que la música  tiene un componente unificador:  La capacidad de emocionarnos sea cual sea nuestra cultura, creando un lenguaje único que no sabemos explicar pero si sentir y que por un momento nos hace sentir unidos. Y cuando eso pasa, pone los pelos de punta y no quieres que acabe ese momento.

¿Y a vosotros, qué reacciones os produce la música?

Os pongo un video de Youtube que expresa este sentimiento global que nos produce y lo que quiero decir en este post, sobran las palabras.

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