¿Qué se experimenta cuándo se lee una partitura?

A muchas personas  les llama mucho la atención cuando ven a alguien embelesado en la lectura  de una partitura como si estuviera leyendo una novela.

Realmente es así, estamos leyendo y en nuestra lectura estamos haciéndonos una idea de lo que tenemos ante nuestros ojos. La lectura de la música no sólo es un ejercicio que implica simultaneidad con un instrumento o nuestra voz (que también lo es), también es una labor silenciosa  de lectura atenta y concentrada que nos hace reflexionar sobre la música que tenemos delante.

Hay muchas formas de leerla así como  intencionalidad en su lectura. Haciendo paralelismo con la lectura no-musical hay quien lee solo porque le gusta como escribe ese autor, otros porque adoran esa temática, otros porque quieren evadirse en la lectura, otros porque quieren ideas para escribir o porque le obligan en su vida académica…. en fín, tantas lecturas como intenciones.

Igual que como os decía en post anteriores la música ha de ser tomada como una escultura para ver desde diferentes ángulos, uno de esos ángulos es la música desde un soporte escrito. Igual se puede pensar que para leer y analizar una partitura hay que tener un bagaje musical enorme, pero es una idea errónea porque podemos analizar a muchos niveles sin necesidad de ser unos expertos así que  todo depende de la intencionalidad de nuestro análisis.  Podemos ir de lo particular a lo general:

Una nota en un pentagrama es la misma estemos ante un Nocturno de Chopin, una obra de Prokovief o lo último de Pitbull ¡¡No hay que tener miedo!!.  La partitura es la democratización de la música y el lugar donde empieza todo. Podríamos que decir que una partitura es la partida de nacimiento de una obra, donde queda registrada porque …. ¿Dónde va la música que en ese momento no se está interpretando? Escribirla no es condenarla al olvido  es  hacer que siga sonando para siempre en el papel.

Muchos os preguntareis ¿Y qué pasa con la música del mundo que no se escribe como puede ser la de un pueblo perdido en África? Ahí es cuando entroncamos de nuevo con la etnomusicología y la búsqueda incesante de músicas en el mundo para que éstas no se pierdan. Por suerte, tenemos medios para que éstas puedan ser grabadas y conservadas pero claro, nunca es tan efectivo como la escritura musical como lenguaje más o menos unificado.

Con esto,  la lectura de una partitura es lo que la persona quiere que sea, se toque o no un instrumento. Hay quien solo quiere saber la melodía, hay quien le gustaría saber en que compás está la canción que le gusta, hay quien se está preparando su próxima clase de instrumento, hay quien lee una Misa barroca y búsca analogías entre melodía y letra, hay quien lee  y relee ese pasaje que no le sale, hay quien quiere vislumbrar la dirección sinuosa de una melodía principal, otros quieren saber la instrumentación de aquella ópera, otros leen una copia de una partitura manuscrita centrándose en los recovecos de su grafía, otros leen las notas que tienen que tocar para la clase de flauta en el cole y otros… nos miran con el rabillo del ojo en el metro.

Hay tantas maneras de leer una partitura como ramificaciones tiene la música. Al final no os he explicado que se experimenta al leer una partitura.. ¡¡¡ Venga!!! ¿A qué esperais para poneros manos a la obra para descubrirlo por vosotros mismos?

Para los valientes que se animen dejo la dirección de Mysicom. Web com muchísimos cursos y de calidad cuyos autores músicos y pedagogos  hacen de forma altruista. Yo estoy registrada y me parece muy práctico e interesante el material que van añadiendo para  todos los niveles

http://www.musycom.com/ia5_musycom/

Deja un comentario