El mejor antídoto para el miedo escénico es sentirse libre

¡Hola! Hoy es un día de esos molones: ¡Empiezan mis vacaciones! Poco más que añadir salvo… ¡toma, toma y toma!

Hay un tema del que quería escribir hace tiempo: El miedo escénico en música. Muchas personas piensan erróneamente que el miedo más común al tocar o cantar ante un público (sea de la índole que sea) es el quedarse en blanco,  osea, “olvidarse” de lo que tenemos que hacer. Aunque no es poco, lo cierto es que ese es el menor de los males ya que si nos quedamos en blanco ante un momento estelar, depende mucho de la pericia de la persona ya que  de ella depende hacer de ese momento tan blanquecino un lugar para la improvisación para salir del atasco con más o menos gracia (¡qué os voy a contar amigos coristas!)

Representación gráfica fidedigna de lo que es quedarse en blanco.
Representación gráfica fidedigna de lo que es quedarse en blanco.

La práctica de la música conlleva unas complejidades que muchas veces ante el público que no es tan cercano a la música le es difícil de comprender y tienden a pensar: ¿¡Pero cómo es posible que alguien que sepa tocar o cantar le de pánico tocar en público!? Sí, ya se que parece incompatible pero esto es algo que sucede (y mucho) en los ámbitos musicales, aunque ¡Qué no cunda el pánico! con un poco de paciencia,reflexión  y conocimiento de nosotros mismos como músicos se puede solucionar

Los terrores musicales más profundos vienen fruto de la inseguridad, de los miedos a enfrentarse a un público que nos puede juzgar ¿Y entonces que pasa? Que ya no es quedarse en blanco es algo peor, es quedarse en negro ya que la música no se convierte en algo para goce y disfrute de uno mismo y de los demás, sino en una vara de medir nuestras aptitudes y actitudes, como si fuera una Espada de Damocles siempre vigilante a cada error,  y el público en aquel en el que nunca estamos a  altura de sus expectativas.

Representación gráfica de verlo todo negro ¡Hoy estoy sembrada!
Representación gráfica de verlo todo negro ¡Hoy estoy sembrada!

Entonces pensé, basándome en mis experiencias personales, que quizá los terrores, las inseguridades y miedos se reducen a sentirse libre. Jamás he disfrutado tanto la música como cuando me he sentido libre de prejuicios, inseguridades y he sido consciente de mis fallos y virtudes. La música libre y sin miedos es como un salto con red: Saltos con pirueta y doble tirabuzón con la seguridad de que la caída puede salir bien pero si no sale bien puede servir para coger impulso y hacerlo mejor. Con este tema pienso mucho en artistas consagrados que han tenido episodios de este tipo, que aunque a priori puedan parecer incomprensibles, no lo son ya que esos miedos no se componen únicamente al simple hecho de no querer salir a un escenario “por miedo”, sino a la perdida de la capacidad de sentirse libres en cada actuación, siendo esta libertad sustituida por la presión, las dudas y el ¿Qué hago yo aquí si puedo estar en casa tranquilamente haciendo macramé?.  A  nuestra pequeña escala los miedos son los que nos agarrotan el cuerpo, la capacidad de sentir libremente la música y así,  ¿Cómo se puede disfrutar de algo que está hecho para ello?

Así que…

La música siempre libre, cuanto más libres más música, y cuanto más música más os odiaran los vecinos, y si ya os odian mucho, pues bueno, habrá que cortarse un poco.

Para terminar, os dejo un enlace hacia el Blog Gran Pausa en el que podéis leer artículos sobre la práctica musical que pueden ser muy útiles. En especial os recomiendo la sección Músico y Mente en que leéreis consejos indispensables para calmar nervios y creer en el músico que sois 🙂

http://granpausa.com/category/musico-y-mente/

¡Hasta el próximo artículo!

Mejor en blanco y negro ¡No hay color!
                   Este es el único blanco y negro que tiene                                que haber en música  ¡No hay color!

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Quiero aprender música ¿Por dónde empiezo?

En el artículo anterior hablaba sobre perder el miedo al aprendizaje musical ya que la música aunque a veces nos parezca lejana, es  accesible para tod@s. Vale, eso está muy bien pero… ¿Por dónde empezar?

Todo tiene un comienzo. Primero, tenemos que hacer un ejercicio de reflexión ¿Qué esperamos de la música? ¿dónde queremos aplicar lo aprendido? ¿Quieres tocar un intrumento? ¿Qué repertorio quieres tocar? Son muchas preguntas que tenemos que respondernos antes de empezar para poder acudir a las fuentes adecuadas.

Como músico formada en Conservatorio, en Educación  Musical y en Musicología he podido comprobar las diferentes formas para aprender y vivir  música. Visto que ésta se puede presentar de muchas maneras, la experiencia me dice que la forma más efectiva es adaptarla al alumno. El aprendizaje en el Conservatorio da muchas alegrías pero también desvelos. La distancia a aquellos años me hace pensar que pese a la completa formación, ésta no se adapta al alumno dotando el aprendizaje de   una cierta rigidez en la que es el aprendiz  el  que se tiene que adaptar a la música sin darse casi cuenta de lo que pasa alrededor. Cuando yo estudié era algo así como un “la letra con sangre entra”  y con los años,  reconozco que esa adrenalina musical se echa algo de menos porque ,aunque duro,se aprende a sentir la música con mucha intensidad después de un largo proceso (en el periodo de conservatorio, la amas y hay veces que llegas a aborrecerla) .Quizá haya cierta ausencia  de  un ejercicio íntimo  de reflexión musical y  aunque es cierto, y más que el los primeros años, que  el aprendizaje  de  técnica y  teoría es  vital para un músico también   es  igual de importante reflexionar acerca  de nuestro sentir musical y de las relaciones que establecemos con la música  para  ayudarnos  a  pensar qué  músico queremos ser.

Intentad ver la música como un puzzle enorme en el cual no importa  la pieza por la que empeceis, ya que  después de armar las primeras   piezas la curiosidad os pedirá seguir construyéndolo , y las piezas que no conseguíais encajar, un día como  encajarán entre sí casi sin daros cuenta.  Para ello, tenéis que pensar la funcionalidad  de  lo que queréis aprender.

Os pongo ejemplos de este gran puzzle musical. Si entrais en un coro (experiencia que os recomiendo y estoy segura que os acogeran con los brazos abiertos) a veces no es requisito  leer música pero  poco a poco, el cuerpo pide saber ¿Qué estoy cantando?¿Cómo es? Así esta experiencia musical  lleva  a completar tu puzzle con  notas, signos de expresión, ritmos…. es la funcionalidad de tú música.  Poniéndo otro ejemplo, empezáis con un intrumento como la guitarra y antes de nada hay que plantearse estas cuestiones  ¿Qué quereis tocar?¿Para qué? No tenéis nociones de música así que primero hay  familiarizarse con el instrumento ¿Y después? Aprender armonía sencilla con  acordes para podernos acompañar, notas, tonalidades… Nuestro puzzle entonces, empieza por otro sitio y después hasta donde se quiera llegar. Lo importante es saber el qué y por qué queremos aprender. A partir de ahí: la música que quieras hacer.

Entonces, ¿habéis pensado por dónde comenzar vuestro puzzle?  La música es reflexión y una forma de encontrarse con uno mismo. Hay tantas personas como músicas. Tantas músicas como personas.  Todas a un ritmo y formas diferentes pero siempre  formando parte de ella.

Pierre Auguste Renoir: Yvonne y Christine Lerolle al piano (1897)
Aprender música, mejor en compañía. Sea en la web 2.0. o con amigos. que os puedan orientar 🙂

¡Oye! ¡Positivismo musical!

Muchas veces escucho cosas como estas: Que si me encantaría aprender música o tocar algún instrumento pero no tengo tiempo y seguro que se me da muy mal, que si no me atrevo a opinar que seguro que lo que digo es una tontería, que si lo hago muy mal…. 

¡Pero bueno!¡ Ya basta de negatividad musical! La música no es el hombre del saco, qué importa lo que digan los demás si lo importante es lo que ella te puede aportar.  Sea cual sea  el género que te guste, el artista por el que sientas devoción, como cantes o toques un instrumento o las pocas o muchas nociones de música que creas tener… lo importante es disfrutar con lo que haces. Pensar en música es un modo de vida del que todos podemos formar parte en el cual el principal activo somos nosotros  para vencer el  miedo  al enfrentarse a la práctica musical. Los niños son esponjas que absorben como si nada todo el aprendizaje musical sin cuestionarse la complejidad de lo que hacen (y haciendo maravillas) , porque ellos solo tienen claro una cosa, pasarlo bien con la música ¿Y si miramos la música sin prejuicios que nos impidan acceder a ella?  Si la música tiene este caracter universal, quiere decir que es más accesible de los que pensamos 🙂

Entonces, ¿Por qué no nos comportamos como niños y miramos el aprendizaje de la música  de igual a igual? Las personas adultas perdemos con los años la naturalidad ante determinadas situaciones . Los que conservamos la curiosidad quizá mantengamos lo natural del aprendizaje, con sus volteretas y caídas y ese volver empezar que hace sentir mariposas en el estómago. La música es el alimento de los curiosos, porque tras una escucha atenta siempre apetece  buscar e intuir lo que pasa por dentro de lo que escuchamos. ¿porqué no ir más allá de lo audible y atreverse con los diferentes aspectos de la música? 

Tenéis en la red muchas herramientas de aprendizaje que os pueden ayudar y muchas personas estamos encantadas de compartir conocimiento en pequeñas pildoras musicales que nos puedan servir para tod@s . 🙂 ¿Os animáis?

Maria Jesús Pérez Vilar: Donde Todo sucede (1997) Acrílico sobre tabla.
Abrid la puerta de la música, os  encontrareis nuevos paisajes y formas… donde todo puede sueceder.

La música es una fábrica de reacciones maravillosas.

La música aunque no la mires está allí, resonando en tu habitación y creando con ello atmósferas que nos condicionan en su escucha. ¡Vaya con la música y su sentido trágico de la manipulación! Porque la música es llevar los sentimientos hacia el terreno que el autor de la misma quiera. Puede llevarte al cielo, o a los infiernos, puede dar miedo, alimentar recuerdos, intensificar anhelos y situaciones, puede hacernos llorar o sonreir, sentirnos oprimidos o cabreados… puede provocar tantas cosas que el hombre ya intuyó esta capacidad innata de la música para emocionar provocar reacciones desde casi el inicio de nuestra existencia como humanos racionales.

¿Ahora bien, la música provoca la misma reacción en cada cultura? ¿Estamos condicionados por nuestro alrededor?  Quizá a una persona de una tribu perdida  en África escuchar una obra Debussy le puede resultar algo curioso y puede  provocar en él reacciones nuevas que no se esperaba (y probablemente quiera repetir) y en el caso contrario, nos puede maravillar una canción de su entorno cultural  de la que  realmente no conocemos su significado y sólo  podemos extrapolar su sonoridad a  nuestra memoria musical occidental. Quizá el poder de la emoción resida en indentificar lo  más cercano a nosotros, a nuestras experiencias vitales y a nuestra vida en general.

La música a lo largo de la historia ha buscado la emoción del oyente, unas veces de manera vácua y otras de forma más instrospectiva y profunda. Y esa capacidad de emocionar, de intensificar situaciones y desvelos hizo que fuera inevitable   su  entrocamiento con otras disciplinas artísticas  a lo largo de la historia  haciendo así un género propio como pasó con manifestaciones teatrales, danzas y el cine haciéndose así por primera vez visible dentro de la imagen y también en nosotros mismos.

Puede ser que por eso sea una gran aficionada a la música de cine:  por la capacidad de provocar reacciones en mi al ver una imagen, por la intencionalidad del compositor de provocar los mismos sentimientos tan universales en una sala de cine, por el delicado ejercicio de la búsqueda del equilibrio musical y visual, por hacer que la música se diluya entre el metraje sin estar allí pero estando.

Por último pienso que aunque vivamos en este mundo tan globalizado que a la vez nos hace ser   tan diferentes creo que la música  tiene un componente unificador:  La capacidad de emocionarnos sea cual sea nuestra cultura, creando un lenguaje único que no sabemos explicar pero si sentir y que por un momento nos hace sentir unidos. Y cuando eso pasa, pone los pelos de punta y no quieres que acabe ese momento.

¿Y a vosotros, qué reacciones os produce la música?

Os pongo un video de Youtube que expresa este sentimiento global que nos produce y lo que quiero decir en este post, sobran las palabras.