Cuando la música se pinta tú también puedes escucharla.

Jan Brueghel de Velours y Peter Paul Rubens

Si hay una rama de la musicología y el arte que me apasiona por los secretos y misterios que encierra,  esa es  la iconografía musical. A menudo, vemos en los cuadros representaciones de instrumentos musicales y partituras que pasan sin pena ni gloria de un vistazo pero que  prestando un poco de atención nos hace descubrir nuevos aspectos maravillosos..

Vale, son instrumentos musicales, pero también es el único documento visual  de la música de una época y más si hablamos de representaciones artísticas de muchos siglos de las que solo tenemos ese testimonio gráfico para poder recrear el instrumento y la visión de la música de ese momento.  Gracias a un análisis iconográfico musical podemos reconstruir instrumentos de otras épocas y  descubrir nuevas (y pequeñas) partituras, averiguar las  nociones  músicales (visuales y teóricas)  del artista que le ayudara a representarlo en un lienzo, un retablo, una escultura….

Con ello, al encontrarnos un instrumento musical en una obra nos podemos hacer estas preguntas para reflexionar sobre el aspecto musical en el arte:

–  ¿Qué instrumentos aparecen? ¿Qué tipo de obra estamos viendo?¿De qué estilo y época?

– -¿Hasta dónde llega su nivel de detalle? (Por ejemplo,cuerdas, trastes, detalles estéticos…)

– ¿Éste instrumento se podría tocar porque la representación de su mecanismo permitiría hacerlo? (por ejemplo, cajas de resonancias muy pequeñas o ausencia de ellas, mástiles cortos, mecanismos que harían imposible cualquier sonido..)

– ¿Existen o tenemos representaciones del mismo en la actualidad ?

–  Si alguien está interpretando música con él ¿es una postura adecuada para hacerlo?

Con estas  sencillas preguntas, nos dedicamos estrictamente al instrumento musical y no a la interpretación del mismo en el cuadro (lo trataré en post aparte porque es muy interesante los significados y alegorías de los mismos). Así cuando tengais la suerte de poder visualizar láminas o ver directamente los cuadros en un museo os invito a buscar los instrumentos musicales escondidos (o no) en el cuadro y  hacer estos sencillos ejercicios de los que se pueden aprender mucho indagando en la búsqueda de respuestas.

Aquí os pongo algunos ejemplos para reflexionar

Mirad la guitarra y la forma de tocar la guitarra ¿La reproduce fielmente? ¿Pensais que Julio reflejaba su realidad histórica? ¿Qué música podría estar tocando?
Pintura Mural del Antiguo Egipto
¿Dirías que están tocando en grupo?¿Qué tipos de instrumentos, están tocando?¿Cuántas cuerdas tiene el arpa?¿Son factibles las posturas para tocar?

Si quereis profundizar en el tema podeis visitar la página de la Complutense sobre su proyecto de  Iconografía Musical en los cuales Cristina Bordas  trata con profundidad este tema.

http://www.imagenesmusica.es/inicio.html

Os cuelgo además una entrevista para que la conozcais mejor así como su proyecto:

http://www.docenotas.com/entrevistas/cristina-bordas-autora-del-catalogo-de-instrumentos-musicales-en-colecciones-espanolas

 

Antes de comentar, mira a tu alrededor: música y contexto.

Cuando llega a nuestros oidos cualquier manifestación musical sea cual sea su género, antes de soltar un improperio (o dos) vamos a pensar un poco. No me agrada oir gente que de primeras rechazan  y  se ríen jocosamente de  cualquier estilo musical.  Y no, no me refiero especificamente  a gente que no tenga conocimientos musicales,  hay muchísima gente profesional de la música en su aspecto más  conservador (musicólogos incluidos¡) que de primeras rechazan un género musical por el mero hecho de ser ese género en concreto. Puede gustar o no gustar, pero no hay razón de rechazar de una forma tajante y hasta hiriente lo que para muchas personas y culturas tiene un apego especial. Miremos a nuestro alrededor para pasar del rechazo, al respeto por otras formas de sentir y hacer.

Por ejemplo, las amadas odiadas canciones del verano. ¿Cuál es su contexto?  La época estival en lo que nos quitamos de preocupaciones laborales por unos días. ¿Qué pide el cuerpo?  Una melodía fresca, sin complicaciones que huela a chiringuito de playa, a chanclas sobre la arena salada por el mar. Nos pide ritmo, mucho ritmo que se pueda coreografiar en las noches de verano con unas cervezas de más (o de menos). Y lo más importante, esas canciones nos permiten indentificar aquel verano de aquel año hace nosecuanto tiempo que nunca se olvida. Y una cosa no hay que negar, cumple su función. A los fans de la playa y nostálgicos de los amores fugaces de verano no hay quien le quite los millones de ratos divertidos que les sugiere este género que  nos podrá gustar o no gustar , pero no podemos ignorar el hecho de que es una manifestación artística más en esta torre de Babel  de géneros que es la música.

Con esto quiero  decir, que lo que para mi no significa nada, para otra persona puede estar lleno de matices y apegos. Así, para empezar a saber entender la música hay que quitarse de prejuicios y hacer un ejercicio de empatía musical aunque nos taladre los oidos. Hay música que nos disgusta y otra nos encanta. Para ambos casos hay que hacerse preguntas y justificar lo que nos produce su escucha. Yo creo que es un buen punto de partida ¿no?

El contexto es un primer paso para hacer una escucha más atenta de la música que vamos encontrando en nuestras vivencias del día a día. Sólo hay que abrir bien las orejillas y no hacer sólo una escucha superficial, sino también una escucha interior más relajada que nos permita plantearnos cuestiones sobre lo que escuchamos, situándolo en un lugar t en un tiempo que nos permita acercarnos a mirar detenidamente como si fuera otra escultura de sonidos en nuestro particular museo de la música que estamos construyendo.