Pequeñas pautas para reflexionar sobre la música que escuchamos.

Hoy quería escribiros unas sencillas pautas para aplicar  cuando esteis escuhando música que os horrice u os encante. Como ya  he hablado en anteriores post, nuestra memoria musical se compone de esas esculturas musicales que vamos incluyendo en ella haciendo una base de datos enorme  de todo lo escuchable y por escuchar a lo largo de nuestra vida

Para crear este museo musical  que nos ayude a comprender mejor las manifestaciones musicales tenemos que hacer un análisis un poco más prefundo que nos permita entender que estamos escuchando y a partir de ahí hacernos una idea que nos ayude a reflexionar con criteriotodo lo que pase con nuestros oidos  independiente evitando así  hacernos ideas llenas de prejuicios que nos lleven opniones superficiales  sin fundamento.

Bueno, pues vamos a empezar, ¿no? Este pequeño análisis lo podemos aplicar a cualquier repertorio  aplicándolo a la estética de la música sin necesidad de hacer un análisis formal (esto es, el análisis de música en aspectos más técnicos que nos ayuden a entenderla mejor) Como mi objetivo es  ayudar a  entender y comprender  la expresión musical independiente de nuestro conocimiento musical (que aún sin saber aspectos formales de la música no es poco, solo hay que poner un poco de interés), pretendo hacer un primer acercamiento a  un análisis reflexivo al alcance todos que nos permita pararnos un poquito a pensar y reflexionar sobre qué estamos escuchando.

Para ello, os he preparado una infografía en el que podeis hacer un pequeño análisis musical sobre lo que estamos escuchando, su contexto, antes de ensalzar y o deshechar lo que escuchamos. En definitiva, se trata de entender la música y  el significado de la mismo independientemente que nos guste más o menos.

Aquí, la teneis, si haceis clik sobre la imagen podeis verla a tamaño completo y ver las opciones para compartirla en las redes sociales que querais.

Análisis Musical1

Espero que os guste  y que intenteis  ponerlo  en práctica para pensar siempre en música. En la música de y para todos 🙂

Contexto dentro del contexto: Pavana para una Infanta Difunta: Maurice Ravel

Esta pieza de Maurice Ravel (1875-1937) fue compuesta en el año 1899 inicialmente para piano y después arreglada para orquesta unos años después. Enmarcada en un estilo impresionista a caballo entre el romanticismo y el estallido estilístico que se iniciaría en el siglo XX es una obra que tiene atisbos neoclásicos, esto es, evocar estilos de tiempos pasados trayéndolos al contexto musical actual en tanto composición y armonías pero nunca difuminando de forma completa su forma original.

Esto hace que tengamos un contexto dentro de otro contexto. Ravel mezcla la sutileza de las evocadoras y delicadas melodías impresionistas y la Pavana. ¿Pero qué era una pavana? Una pavana (y su forma musical) era una danza lenta  que se bailaba en la corte española en el S. XVI y que sobrevivió con el paso del tiempo… pero eso ya es otra historia.

Marice Ravel se inspiró  en  los movimientos delicados de una infanta en la corte española bailando esta danza. Dentro del contexto histórico musical de Ravel, nos lleva a otro contexto histórico en el que la imaginación hace el resto. Nos hace viajar en el tiempo, de su realidad a otra realidad ya pasada donde  insta visualizarlo con la nostalgia  de unos ojos contemporáneos. Parece que Ravel evoca a una infanta, entre tantas, que no llegaron a la edad adulta (solo hay que pasarse por el Monasterio del Escorial en Madrid para ver el panteón de los infantes fallecidos) en la que en  el lento baile palaciego se puede apreciar los tímidos movimientos de una niña, de su vestido, su pelo… envuelto en una melodía tan bella como fúnebre conviertiéndose en  una secuencia etérea que nos llega a través de la música. Ravel no especifica a quién porque realmente no es a un quién… es un esbozo para que nosotros hagamos el resto, como si leyésemos una novela.

Así, nos viene de nuevo la idea del contexto musical, social y cultural base para entender la música pasada, presente y venidera.

Podeis escuchar la Pavana de Ravel y éste ejempo de Pavana del  Renacimiento que he puesto (no me especifica el autor). No se diferencian , tanto ¿no? Quizá el compositor, nos traslada a la atmósfera más allá de la danza o más allá de lo que no se ve en un cuadro.

Como curiosidad, dejo una frase que se atribuye un Maurice Ravel cansado de la excesiva lentitud con la que se interpretaba su obra…

Es “Pavana para una infanta difunta”, y no “Pavana difunta para una infanta”.

Antes de comentar, mira a tu alrededor: música y contexto.

Cuando llega a nuestros oidos cualquier manifestación musical sea cual sea su género, antes de soltar un improperio (o dos) vamos a pensar un poco. No me agrada oir gente que de primeras rechazan  y  se ríen jocosamente de  cualquier estilo musical.  Y no, no me refiero especificamente  a gente que no tenga conocimientos musicales,  hay muchísima gente profesional de la música en su aspecto más  conservador (musicólogos incluidos¡) que de primeras rechazan un género musical por el mero hecho de ser ese género en concreto. Puede gustar o no gustar, pero no hay razón de rechazar de una forma tajante y hasta hiriente lo que para muchas personas y culturas tiene un apego especial. Miremos a nuestro alrededor para pasar del rechazo, al respeto por otras formas de sentir y hacer.

Por ejemplo, las amadas odiadas canciones del verano. ¿Cuál es su contexto?  La época estival en lo que nos quitamos de preocupaciones laborales por unos días. ¿Qué pide el cuerpo?  Una melodía fresca, sin complicaciones que huela a chiringuito de playa, a chanclas sobre la arena salada por el mar. Nos pide ritmo, mucho ritmo que se pueda coreografiar en las noches de verano con unas cervezas de más (o de menos). Y lo más importante, esas canciones nos permiten indentificar aquel verano de aquel año hace nosecuanto tiempo que nunca se olvida. Y una cosa no hay que negar, cumple su función. A los fans de la playa y nostálgicos de los amores fugaces de verano no hay quien le quite los millones de ratos divertidos que les sugiere este género que  nos podrá gustar o no gustar , pero no podemos ignorar el hecho de que es una manifestación artística más en esta torre de Babel  de géneros que es la música.

Con esto quiero  decir, que lo que para mi no significa nada, para otra persona puede estar lleno de matices y apegos. Así, para empezar a saber entender la música hay que quitarse de prejuicios y hacer un ejercicio de empatía musical aunque nos taladre los oidos. Hay música que nos disgusta y otra nos encanta. Para ambos casos hay que hacerse preguntas y justificar lo que nos produce su escucha. Yo creo que es un buen punto de partida ¿no?

El contexto es un primer paso para hacer una escucha más atenta de la música que vamos encontrando en nuestras vivencias del día a día. Sólo hay que abrir bien las orejillas y no hacer sólo una escucha superficial, sino también una escucha interior más relajada que nos permita plantearnos cuestiones sobre lo que escuchamos, situándolo en un lugar t en un tiempo que nos permita acercarnos a mirar detenidamente como si fuera otra escultura de sonidos en nuestro particular museo de la música que estamos construyendo.

 

La música como escultura.

Parece lo mismo pero no lo es. Muchas veces me encuentro en la tesitura de que en la radio suena el último éxito de turno y siempre hay alguien que dice que vaya pedazo de…. (supongo que  no hace falta que diga de lo que está hecho el pedazo)

Y no es un comentario, es una aseveración que no da lugar a más puntos de vista y me parece muy triste rechazar sin ver más allá. Siempre he considerado que todas y cada una de las manifestaciones musicales son dignas de admiración y merecen por lo menos que el oyente se pare  un minuto a reflexionar como si estuviese delante de un cuadro.

   

A nadie se le ocurriría decir que el cuadro de Piet Mondrian es una pedazo de… (ya sabeis que) al lado de la archiconocida Gioconda  de Leonardo Da Vinci  sin pensar antes en un contexto y lugar más allá de lo meramente estético para la persona que lo ve.

Pues en la música pasa lo mismo:  Recuerdo que en mi época de  instituto el profesor de Arte  nos dió las herramientas  para entender una escultura y poder reproducirla nosotros en pegotes de barro,  Nos explicó  que la concepción de la misma residía en el espacio que ocupa y el vacío que deja en toda su forma, siendo ésto una parte más de la composición (como pasa en la música: el silencio también forma parte de la misma). Así, las sombras de sus aristas, los huecos y sus relieves son trocitos que funden el espacio con la obra por lo que hay que hacer un ejercicio de percepción más allá de la forma primaria.

Concibo la música como una obra tridimensional en el que hay que mirar desde todos y cada uno de los ángulos. Y siempre con los ojos muy abiertos, como una manifestación cultural inevitable e innata por el hombre.

Y sí, hay mucha música que no me gusta, pero nunca la juzgo porque forma ya parte nuestro imaginario colectivo, y si no es colectivo seguro que lo es para alguien.

Con sus luces y sus sombras.