Contexto dentro del contexto: Pavana para una Infanta Difunta: Maurice Ravel

Esta pieza de Maurice Ravel (1875-1937) fue compuesta en el año 1899 inicialmente para piano y después arreglada para orquesta unos años después. Enmarcada en un estilo impresionista a caballo entre el romanticismo y el estallido estilístico que se iniciaría en el siglo XX es una obra que tiene atisbos neoclásicos, esto es, evocar estilos de tiempos pasados trayéndolos al contexto musical actual en tanto composición y armonías pero nunca difuminando de forma completa su forma original.

Esto hace que tengamos un contexto dentro de otro contexto. Ravel mezcla la sutileza de las evocadoras y delicadas melodías impresionistas y la Pavana. ¿Pero qué era una pavana? Una pavana (y su forma musical) era una danza lenta  que se bailaba en la corte española en el S. XVI y que sobrevivió con el paso del tiempo… pero eso ya es otra historia.

Marice Ravel se inspiró  en  los movimientos delicados de una infanta en la corte española bailando esta danza. Dentro del contexto histórico musical de Ravel, nos lleva a otro contexto histórico en el que la imaginación hace el resto. Nos hace viajar en el tiempo, de su realidad a otra realidad ya pasada donde  insta visualizarlo con la nostalgia  de unos ojos contemporáneos. Parece que Ravel evoca a una infanta, entre tantas, que no llegaron a la edad adulta (solo hay que pasarse por el Monasterio del Escorial en Madrid para ver el panteón de los infantes fallecidos) en la que en  el lento baile palaciego se puede apreciar los tímidos movimientos de una niña, de su vestido, su pelo… envuelto en una melodía tan bella como fúnebre conviertiéndose en  una secuencia etérea que nos llega a través de la música. Ravel no especifica a quién porque realmente no es a un quién… es un esbozo para que nosotros hagamos el resto, como si leyésemos una novela.

Así, nos viene de nuevo la idea del contexto musical, social y cultural base para entender la música pasada, presente y venidera.

Podeis escuchar la Pavana de Ravel y éste ejempo de Pavana del  Renacimiento que he puesto (no me especifica el autor). No se diferencian , tanto ¿no? Quizá el compositor, nos traslada a la atmósfera más allá de la danza o más allá de lo que no se ve en un cuadro.

Como curiosidad, dejo una frase que se atribuye un Maurice Ravel cansado de la excesiva lentitud con la que se interpretaba su obra…

Es “Pavana para una infanta difunta”, y no “Pavana difunta para una infanta”.

¿Por qué nos gusta la música que nos gusta?

A mi me gustan mucho los musicales,  las bandas sonoras de películas, canciones  de todos los estilos que descubro, grandes (y pequeños) autores clásicos … ¿Y a vosotros? ¿Qué os gusta?  Me encanta escuchar nuevas músicas para incorporarlas a mi museo especial de esculturas musicales para analizar y comprender y si me gusta, la archivo en mi memoria dándole un sitio especial. ¿Nunca os habeis planteado qué indicadores hacen que os gusten las músicas (sí, en plural) que os gustan?

La música es un ente social y cultural que también podemos moldear, expandir y contraer. Somos lo que nuestro entorno escucha, por lo que  nuestro oido adquiere una zona de confort en la que se siente cómodo en determinadas frecuencias sonoras. Nuestras  querencias musicales  se  mueven  de forma natural hacia lo que  se recuerda, a lo que  retrotrae a otros momentos, dotando a nuestra capacidad auditiva una nueva  memoria y recuerdos que no quiere olvidar. Así, los nuevos sonidos se construyen sobre los ya establecidos haciendo que las nuevas melodías fluyan sobre aquello que recordamos agradable en su escucha, lo cual  nos induce a tatarear  y bailotear cuando nadie nos ve. La sociedad en la que vivimos nos pone la base para que descubramos la música pero después en nosotros está la responsabilidad para  darle vidilla a nuestra memoria musical, alimentándola de nuevas experiencias auditivas que nos hagan un “clik” para alucinar con lo que puede hacer el ser humano. Sí, además  ser capaces de lo más terrible,  también  somos de crear lo  más hermoso.

Con esto, podemos ir reflexionando de lo  más particular a lo más general, partiendo de lo que escucha un  pequeño pueblo perdido en nuestra geografía hasta el imaginario colectivo a nivel planetario. Claro que nos puede surgir la preguntas como esta ¿Por qué entonces el Gagnam Style del grupo PSY se convirtió en  un fenómeno a nivel mundial viniendo nada más ni nada menos que de Corea del Sur cuya cultura es muy diferente a la occidental? Como he dicho, la música es una amalgama de vivencias, y eso es lo que nos une y lo que nos separa. Un surcoreano probablemente nunca haya escuchado una Jota y su escucha le parezca un aburrimiento mientras que en Zaragoza en alguna asociación Folklórica se reunen todos los fines de semana para tocar siendo el disfrute de todos los allí presentes. Obviamente, eso no nos une ni nos sentimos indentificados con recuerdos y vivencias.  Pero la música tiene eso, siempre hay algo, una tecla, ese “clik” que hace que los oidos se conviertan en solo uno… en Kinsasa, en Madrid, en Nueva York, en Tokio, en Sidney, en Rabat…. que une oidos y sentimientos. Los  grandes  clásicos saben mucho de eso…son universales.

Este tema sobre cultura y música se trata ampliamente en una de las ramas de la musicología, la etnomusicología, en la que se hace una reflexión profunda sobre sociedad, antropología y música, los vínculos que establecemos con ella y cuánto puede influir nuestro lugar de nacimiento  sobre nuestras preferencias musicales entre muchísimos temas muy interesantes. Si tuviera que profundizar más sobre mi cuestión inicial, nunca terminaría este hilo lleno de divagaciones y preguntas que van a pareciendo a cada momento y que llevan a más  interesantes reflexiones. Así que por hoy creo que es suficiente, nuestro gusto musical está influenciado por el lugar de origen pero es nuestra labor ampliar más y más nuestra memoria musical aplicando lo dicho en post anteriores en el que resalto la importancia de la música y contexto.

¿Aún queda la duda de hay que mirar la música con otros ojos más allá de una vista superficial?

(He encontrado en red este Slide sobre musicología y etnomusicología por si quereis ampliar, también hay bibliografía específica  que os puedo aconsejar que a mi me pareció muy interesante)

Antes de comentar, mira a tu alrededor: música y contexto.

Cuando llega a nuestros oidos cualquier manifestación musical sea cual sea su género, antes de soltar un improperio (o dos) vamos a pensar un poco. No me agrada oir gente que de primeras rechazan  y  se ríen jocosamente de  cualquier estilo musical.  Y no, no me refiero especificamente  a gente que no tenga conocimientos musicales,  hay muchísima gente profesional de la música en su aspecto más  conservador (musicólogos incluidos¡) que de primeras rechazan un género musical por el mero hecho de ser ese género en concreto. Puede gustar o no gustar, pero no hay razón de rechazar de una forma tajante y hasta hiriente lo que para muchas personas y culturas tiene un apego especial. Miremos a nuestro alrededor para pasar del rechazo, al respeto por otras formas de sentir y hacer.

Por ejemplo, las amadas odiadas canciones del verano. ¿Cuál es su contexto?  La época estival en lo que nos quitamos de preocupaciones laborales por unos días. ¿Qué pide el cuerpo?  Una melodía fresca, sin complicaciones que huela a chiringuito de playa, a chanclas sobre la arena salada por el mar. Nos pide ritmo, mucho ritmo que se pueda coreografiar en las noches de verano con unas cervezas de más (o de menos). Y lo más importante, esas canciones nos permiten indentificar aquel verano de aquel año hace nosecuanto tiempo que nunca se olvida. Y una cosa no hay que negar, cumple su función. A los fans de la playa y nostálgicos de los amores fugaces de verano no hay quien le quite los millones de ratos divertidos que les sugiere este género que  nos podrá gustar o no gustar , pero no podemos ignorar el hecho de que es una manifestación artística más en esta torre de Babel  de géneros que es la música.

Con esto quiero  decir, que lo que para mi no significa nada, para otra persona puede estar lleno de matices y apegos. Así, para empezar a saber entender la música hay que quitarse de prejuicios y hacer un ejercicio de empatía musical aunque nos taladre los oidos. Hay música que nos disgusta y otra nos encanta. Para ambos casos hay que hacerse preguntas y justificar lo que nos produce su escucha. Yo creo que es un buen punto de partida ¿no?

El contexto es un primer paso para hacer una escucha más atenta de la música que vamos encontrando en nuestras vivencias del día a día. Sólo hay que abrir bien las orejillas y no hacer sólo una escucha superficial, sino también una escucha interior más relajada que nos permita plantearnos cuestiones sobre lo que escuchamos, situándolo en un lugar t en un tiempo que nos permita acercarnos a mirar detenidamente como si fuera otra escultura de sonidos en nuestro particular museo de la música que estamos construyendo.

 

Todos y cada uno de nosotros “sabemos de música”

Sí, me estoy refiriendo a tí que estás leyendo estas líneas! Qué manía la gente con decir que no sabe de música!

Se supone que los musicólogos sabemos mucho de música pero ¿sabeis?  Esta situación es extensible a cada una de las personas que les guste la música  sea cual sea su estilo y forma.

A lo largo de nuestra vida la música ha estado presente como un personaje más de nuestra historia vital. Sólo basta preguntar a personas que ya peinen canas situaciones  de su infancia que recuerden con intensidad, y la mayoría no dudará en entonar pequeñas cancioncitas con las que dieron sus primeros pasos. Si me apuro,  ya dentro del vientre materno empieza este vínculo que nos acompañará toda la vida, asociando muchos de nuestros momentos claves a esa melodía que se oía de fondo, llenando nuestra cabeza de recuerdos musicales.

Podemos reconocer las voces de nuestros cantantes favoritos, tatarear con mayor o menor acierto una canción, imaginar que somos baterías andante y utilizar nuestro cuerpo como instrumento percusión, podemos dar palmas perfectamente a tempo cuando vemos una actuacion y los artistas nos indican que palmeemos al ritmo de la música, podemos reproducir en nuestra mente composiciones imaginarias…¡ Sabemos y podemos hacer tantas cosas que sería una locura decir que  no sabemos de música . Solo hace falta poner nombre a lo que conocemos.

Lo correcto no es saber de música, sino entenderla en toda su amplitud y en cada uno de sus significados por lo  que  no hace falta  saber tocar un instrumento o leer una partitura. Tan solo se necesitan ordenar conceptos y unas herrmamientas que nos ayuden a entender mejor el porqué la música nunca se va de nuestros pensamientos y recuerdos.

Si me permitís, desde este pequeño rinconcito intentaré ir dejando pequeñas pildoritas musicales para que tengais vuestra propia escultura musical para moldear.

La música como escultura.

Parece lo mismo pero no lo es. Muchas veces me encuentro en la tesitura de que en la radio suena el último éxito de turno y siempre hay alguien que dice que vaya pedazo de…. (supongo que  no hace falta que diga de lo que está hecho el pedazo)

Y no es un comentario, es una aseveración que no da lugar a más puntos de vista y me parece muy triste rechazar sin ver más allá. Siempre he considerado que todas y cada una de las manifestaciones musicales son dignas de admiración y merecen por lo menos que el oyente se pare  un minuto a reflexionar como si estuviese delante de un cuadro.

   

A nadie se le ocurriría decir que el cuadro de Piet Mondrian es una pedazo de… (ya sabeis que) al lado de la archiconocida Gioconda  de Leonardo Da Vinci  sin pensar antes en un contexto y lugar más allá de lo meramente estético para la persona que lo ve.

Pues en la música pasa lo mismo:  Recuerdo que en mi época de  instituto el profesor de Arte  nos dió las herramientas  para entender una escultura y poder reproducirla nosotros en pegotes de barro,  Nos explicó  que la concepción de la misma residía en el espacio que ocupa y el vacío que deja en toda su forma, siendo ésto una parte más de la composición (como pasa en la música: el silencio también forma parte de la misma). Así, las sombras de sus aristas, los huecos y sus relieves son trocitos que funden el espacio con la obra por lo que hay que hacer un ejercicio de percepción más allá de la forma primaria.

Concibo la música como una obra tridimensional en el que hay que mirar desde todos y cada uno de los ángulos. Y siempre con los ojos muy abiertos, como una manifestación cultural inevitable e innata por el hombre.

Y sí, hay mucha música que no me gusta, pero nunca la juzgo porque forma ya parte nuestro imaginario colectivo, y si no es colectivo seguro que lo es para alguien.

Con sus luces y sus sombras.

Pero… ¿Para qué sirve un musicólogo?

Depende a quien se formule la pregunte  dirá una cosa u otra. Basicamente un musicólogo sirve para saber mucho de música y acabar en la cola del paro o saber mucho música y trabajar de profesor o  saber de mucho de música y opositar a “algo”.  O también para saber mucho de música a secas.

Es una pena, pero si no se tiene pensado dedicarse a la investigación es casi imposible que los musicólogos tengamos cabida en el mundo laboral a no ser que hayamos adquirido la experiencia como dos décadas antes de empezar la carrera….

Me gustaría que si algún musicóloco (Licenciado en Historia y Ciencias de la Música) pasara por aquí dejara aquí su opinión al respecto por aquello de intercambiar opiniones.

Personalmente, creo que ya casi ni me lo planteo. Sólo sé que tengo la necesidad de plasmar mis pensamientos musicales por aquí, de forma tranquila e informal, con la tranquilidad de no dormir a nadie con mi discurso.

Así que si habéis caído por aquí, espero que participéis en lo que puede ser un diálogo musical muy ameno. Seáis quien seáis

¿Más información? Podéis visitar estos artículos 🙂

Preguntas y respuestas si quieres estudiar musicología (1ª parte)

Preguntas y respuestas si quieres estudiar musicología (2ª parte)

El arte de pensar la música (la base de la musicología

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